La vida es movimiento. Y como el agua de un río que fluye por su cauce, a ratos más agitada, otros más calmada, escasa o abundante, transcurre nuestra existencia. Vivir de espaldas a esta realidad nos empequeñece y encorseta. Uno ha de saber bailarle al cambio constante, adaptarse, redirigir su brújula interna y saborear los paisajes que transita, por inesperados que sean. Para mí eso es un estilo de vida gestáltico. El compromiso con el momento presente, el «famoso aquí y ahora».

Curiosa eterna buscadora, sensible, apasionada y juguetona, desde bien chiquita quería devorar la vida a mordiscos para no perderme nada. Y con los años la gula me llevó a sufrir indigestiones porque nunca tenía suficiente. Siempre quería más. Un viaje más largo, un encuentro más intenso… Más fuego para avivar mi hoguera.

Tras ese afán vital se ocultaba una sensación de vacío interior que me asaltaba y atormentaba periódicamente. En arquitectura y pintura se denomina horror vacui (miedo al vacío) a la obsesión por no dejar ni un mínimo espacio de una obra sin ser rellenado con alguna imagen. De la misma manera, rellenaba yo mi vida con lo que fuera, por miedo a sentirme vacía, «menos viva». Una relación de pareja tormentosa me acercó al mundo gestáltico y me dio las herramientas y el valor para soltarla.

Gracias a las magníficas terapeutas que me acompañaron a lo largo de esos primeros años de mi proceso, Aurora Morera y Alba Yagüe, dejé de resistirme a mi agujero interno, me atreví a entregarme y a dejarme engullir por él y el vacío se desvaneció como las nubes blandas en el abrazo del viento.

Inicié mi proceso terapéutico poco antes de cumplir los treinta años, inmersa en una profunda crisis existencial. En esa época trabajaba como periodista de radio. Ejercí de reportera durante más de una década. Me apasiona escribir, contar historias. Agradezco esa etapa hermosa de mi vida, de la que me quedo mi excelente habilidad comunicadora e indagadora y mi amor a la reflexión en soledad, que es para mí la escritura. A la par que caía el velo que me impedía ver y verme con claridad, decidí emprender el camino como terapeuta por un anhelo profundo de acompañar a las personas en su camino de reencuentro consigo mismas. La vida es movimiento y lo que me mueve ahora, pasados mis cuarenta años, no es lo mismo que lo hacía con 20, afortunadamente.

Creo firmemente en el poder de la terapia Gestalt. A mí me brindó las herramientas y sobre todo la fortaleza y valentía necesarias para romper con unos patrones repetitivos que me mantenían en el sufrimiento. Por ello, puedo afirmar, orgullosa con el trecho recorrido y sin perder de vista lo que me queda por aprender, que ahora soy muchísimo más feliz. A pesar de que mi espíritu curioso me llevó a atravesar medio mundo, éste ha sido, sin duda, el viaje de mi vida, un auténtico «renacer». Abrazarme con mis luces y mis sombras, respetar mi esencia, amarme entera, con todo lo que soy.

Por todo ello, entiendo la terapia como un viaje apasionante de a dos en el que te acompañaré a explorar lugares vírgenes que configuran tu planeta interior. En soledad uno puede sentir temor por atravesar paraísos recónditos, cuestas escarpadas, cumbres borrascosas o desiertos olvidados… Junto a mí marcharás por todos esos paisajes que conforman tu historia personal, tu carácter, tu cuerpo, tu alma. Te brindaré mi mirada afectuosa, abierta, sin juicio. Como testigo de tu proceso, apoyaré tus avances en la travesía y te animaré a seguir en los momentos dificultosos. Así, podrás abrirte a nuevos horizontes y cerrar viejos atajos inservibles, que arrastras del pasado.

Estudié la formación de la Terapia humanista Gestalt en la Escuela Gestalt Barcelona. Mi proceso personal ha ido acompañado de la mano de otra gran maestra para mí: la danza africana. Bailar es mi espejo. ¿Cómo se mueve mi cuerpo ahora? ¿qué sensaciones tengo, qué siento, qué pienso? Estar en movimiento, y en contacto con mi cuerpo, me arraiga al tiempo presente, al aquí y al ahora. Calma mi mente. La expresión artística nutre mi alma, y a la vez, me confronta con mi ego continuamente. Sin duda, bailar me ha hecho ser mejor persona. Mi interés por la dimensión corpórea me ha llevado también a estudiar Psicoterapia Corporal Integradora Humanista en el Instituto Eric Fromm. Actualmente también soy miembro del equipo de supervisión de Jaume Cardona, codirector de la escuela Gestalt Barcelona. Además cursé Programación Neurolingüística (PNL) y Formador de Formadores en el grupo CIEF.

Esto es lo que yo he recibido y ahora me toca dar. Y quiero transmitir aquello que a mí me salvó del sufrimiento y la apatía y me devolvió la alegría y la creatividad. Soy buena acompañando a las personas. Es para lo que he venido a este mundo. Éste es el hermoso faro que guía mi vida.

Y tú, ¿quieres que emprendamos el vuelo junt@s?

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