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¿Para qué sirven las emociones?

Somos seres emocionales por naturaleza. De hecho, la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestra vida están guiadas por las emociones. En nuestra cultura se ha dado mucha importancia a la razón y al comportamiento en detrimento de la emoción, pero las emociones nos aportan mucho. Realmente no podríamos vivir sin ellas. Han estado ahí siempre desde tiempos inmemorables porque son útiles. Por este motivo, aprender a reconocerlas y a gestionarlas te ayudará a aprovechar la información que ellas te brindan y a vivir en coherencia contig@ mism@.

Las emociones nos han ayudado a sobrevivir. Un ejemplo, vamos a situarnos en el pasado prehistórico. Un hombre primitivo sale cazar y de repente se cruza ante un animal fiero. La emoción que seguramente le embarga de manera automática es el miedo. Este miedo predispone su cuerpo, su musculatura, a salir huyendo. Es decir, cumple una función básica para avisar de un posible peligro y preservar su vida. Hoy en día no vamos a toparnos con un gran depredador cuando cruzamos la calle. En cambio, sí que podemos ser embestidos por una fiera metálica, un coche. Si atravesamos un paso de peatones y vemos que se aproxima un automóvil a toda velocidad y nuestra integridad física se ve amenazada, de nuevo, es el miedo quién actúa para protegernos. El miedo nos hará acelerar nuestro ritmo cardíaco para poder salir corriendo, evitar un daño y acabar en el hospital. Otro ejemplo más. Sin darnos cuenta tomamos un alimento que está en mal estado. Nos lo ponemos en la boca y en un segundo nos asalta el asco. Eso nos obliga a escupir de manera instintiva lo que está podrido, cosa que impide que cojamos una gastrointeritis o una infección.

Durante muchos siglos para la Filosofía y la Ciencia las emociones han carecido de valor, de prestigio, probablemente por la volubilidad inherente a ellas. Sin embargo, los investigadores contemporáneos en neurociencia señalan en sus estudios que las emociones son un elemento esencial para el aprendizaje y el desarrollo psíquico. El investigador Francisco Mora asegura que «Sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”.

Si las emociones son tan útiles, ¿por qué son tan desconocidas para nosotr@s?

La mayoría de las veces cuando comienzo terapia con un paciente y, ante un problema o asunto, le pregunto «¿Qué siente?» suele responder con pensamientos y razones. Nos cuesta percibir nuestras propias emociones y mucho más hablar sobre ellas. Habitualmente las confundimos con pensamientos, sobre todo si se trata de emociones desagradables para nosotr@s, a las que colocamos connotaciones negativas, como la rabia, el miedo y la tristeza.

La realidad es que no estamos acostumbrados a fijarnos en nuestras emociones y mucho menos a hablar de ellas. Nadie nos ha enseñado a hacerlo. Relegar nuestro mundo emocional a un segundo plano nos desconecta de nosotr@s mism@s y como consecuencia no podemos atendernos y cuidarnos de manera sana.

¿Qué es una emoción?

En principio una emoción es información. Es un aviso de lo que me está pasando en este momento. Te sitúa en el aquí y ahora. Podríamos decir que se trata de una especie una guía de cómo estoy yo y también acerca de cómo está el otro. Y nos ocurre físicamente. La notamos en el cuerpo.

Por ejemplo, cuando siento rabia en mi cuerpo puedo detectar el enojo porque tenso la musculatura, apreto la mandíbula, me sube el calor a la cara, oprimo mi diafragma afectando mi respiración e impidiendo un espiración plena… El reconocimiento de todas estas sensaciones físicas me da más información sobre la emoción y sobre cómo la vivo yo. En este sentido, el psicoterapeuta gestáltico, Marcelo Antoni, en su libro «Las 4 emociones básica, diferencia de tres niveles en las emociones:

  • Nivel corporal: ¿qué sensaciones tengo en el cuerpo?
  • Nivel emocional: ¿qué emoción me produce sentir esas sensaciones físicas?
  • Nivel cognitivo: ¿qué me digo al sentir lo que siento? y ¿qué impulso o acción me provoca esto que siento? Por ejemplo, si lo que siento es miedo, ¿qué quiero hacer? ¿Quedarme paralizado, huir o defenderme?

Una emoción es un estado complejo del organismo caracterizado por una excitación o perturbación que nos predispone a llevar a cabo algún tipo de respuesta
Rafael Bisquerra

Las cuatro emociones básicas

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La alegría, la tristeza, el miedo y la rabia son las cuatro emociones básicas. Las consideramos básicas por tratarse de vivencias internas comunes a personas de distintas épocas, lugares y culturas y también porque desempeñan un papel protagonista en el desarrollo psíquico de los seres humanos.

  • La alegría es una emoción expansiva que nos conecta con la energía vital. Se manifiesta como un calor que busca ser compartido. Energetiza nuestro cuerpo para la apertura y para establecer contacto con los otros. Se manifiesta con la ternura, la curiosidad y el erotismo.
  • La rabia es una emoción expansiva que nos energetiza para la acción. Nos avisa de la existencia de una molestia. Nos ayuda a poner límites y a decir NO. Nos conecta con nuestra fuerza para enfrentar un obstáculo y lograr nuestro objetivo.
  • La tristeza es una emoción de contracción y repliegue en nosotros mismos. Nos desenergetiza. Nos ayuda a retirarnos del mundo para llevarnos a la introspección. Nos informa de lo que nos duele y nos ayuda a cerrar y elaborar duelos. Nos ayuda a alcanzar comprensiones profundas sobre nuestra existencia.
  • El miedo es otra emoción de contracción que nos avisa de un peligro externo o interno. Así como la tristeza suele remitir al pasado, el miedo se podría situar en el futuro Nos permite observar cómo nos relacionamos ante lo desconocido. Me informa de mis recursos personales ante alguna situación. La manifestación no neurótica del miedo nos lleva a ejercer la prudencia.

La educación emocional, la asignatura pendiente

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La educación que hemos recibido en muchos casos nos lleva a reprimir o no dar espacio a alguna de las emociones. Por ejemplo, si a un niñ@ de pequeñ@ se le alaba por ser fuerte, es posible que de adulto no se permita sentir el miedo o la tristeza. Asociará estas emociones con la «debilidad», cosa que no casa con la imagen de «yo puedo con todo» que quiere proyectar en el mundo. Aprendió a obtener reconocimiento de sus papás a través de sus logros y pequeñas hazañas. Con el tiempo en su fuero interno albergará la creencia de que se le quiere por lo que hace, no por lo que es. Otro ejemplo, a una niñita se la riñe cuando está triste o enojada. «Que fea te pones cuando estás enfadada», «así nadie te va a querer», «niña, al mal tiempo buena cara»… Lo más probable es que crezca teniendo serias dificultades para gestionar de manera sana estas emociones que habrá interiorizado como “negativas”. Para sentirse querida y aceptada aprenderá a reprimir estos sentimientos. Dejará de escucharlos. Dejará de escucharse.

Esto viene a ser lo que explica la película Del Revés, de Pixar, que ilustra muy bien cómo funcionan las emociones y cómo lo que acontece fuera, en el mundo externo, genera una reacción emocional dentro, en el mundo interno. En el film a la niña protagonista sus papás la valoran por su alegría y ella comienza a reprimir la tristeza, como vemos en este fragmento.

 

Lo que pasa en este film no es nada excepcional. Se nos ha inculcado la idea de que “debemos estar siempre felices”, como si la alegría, una emoción expansiva, que va y viene, fuera un estado permanente. En cambio, las emociones son transición. La cultura del bienestar niega todo lo que tenga que ver con el dolor. Me encuentro con no pocos pacientes que explican sucesos tristes o trágicos con una sonrisa dibujada en el rostro, o incluso riendo, para no contactar con esa pena. También es común en terapia encontrar muchas resistencias con el trabajo de la rabia. En mujeres es habitual transformar la rabia en tristeza, una emoción mejor considerada socialmente para el mundo femenino.

Me doy cuenta de que si fuera estable, prudente y estático, viviría en la muerte. Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante.
Carl Rogers

 

¿Qué ocurre si no damos espacio a una emoción por creerla “negativa”?

No escuchar nuestras emociones, sean las que sean, nos puede llevar a somatizar y desarrollar enfermedades. Una tristeza reprimida durante tiempo puede desembocar en una depresión. Vivir de espaldas a tu miedo puede manifestarse en tu cuerpo en forma de ansiedad o angustia. No permitirse transitar la rabia puede desencadenar una úlcera.

Como narra la película Del Revés, censurar una emoción puede conducirte a ver todo tu mundo en aburridos tonos grises, quedándonte de alguna manera congelado, menos vivo. Las emociones siempre están cambiando y esto se traduce en un tránsito por diferentes colores, que varían en función del grado de intensidad. No es lo mismo sentir una alegría desbordada, como la euforia, que una alegría tranquila, como la serenidad. Concedamos a todas las emociones el espacio que necesitan, ni más ni menos, el justo y necesario. No existen emociones negativas, sólo unas más agradables que otras. Vivamos nuestro mundo interno con toda la variedad de la paleta de colores.

 

Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de las peores formas
Sigmund Freud

 

Terapia Gestalt y emociones

La terapia Gestalt, también llamada la terapia de las emociones por su eficacia a la hora de trabajar con ellas, ayuda a tomar conciencia de lo que brindan las emociones y a aceptarlas. Solo así se logran transformarán en guías que nos orientan a comunicarnos mejor, a ser más auténticos y felices en cualquier ámbito de nuestra vida. Te invito para acabar a que hagas un pequeño ejercicio práctico. Anota en una libreta:

MIEDO
ALEGRÍA
TRISTEZA
RABIA

A continuación te voy a pedir que puntúes cada emoción, del 1 al 4, siendo 1 la emoción que sientes con más facilidad y 4 aquella emoción que sientes con menos facilidad. Generalmente las emociones 1 y 2 son tan fuertes que logran tapar las otras. Te invito a practicar este ejercicio unos días seguidos y ver cuál es tu talón de Aquiles:

MIEDO: Me cuesta trabajo protegerme
ALEGRÍA: Me cuesta trabajo la energía, la vitalidad, vincularme
TRISTEZA: Me cuesta trabajo estar a solas conmigo o bien la pérdidas
ENFADO: Me cuesta trabajo poner límites

Para más información o dudas puedes escribirme a info@terapiagestaltbarcelona.eu

 


 

Sandra Valent, terapeuta Gestalt. Trabajo en Barcelona y en Sant Cugat del Vallés. Sesiones en Gestalt Barcelona (Pl. Urquinaona 10) y en Espai Vincles (C. de la Mina 25). Si quieres saber más puedes contactar conmigo en el tel. 678377795.

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